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Duermevela: el pasajero de la incertidumbre

To die, to sleep. To sleep: perchance to dream.

W. Shakespeare

 

Qui est là? Ah, très bien: faites entrer l'infini.

Louis Aragon

 

 

Comprendo la escritura como una exploración de la identidad. Navegando en el filo entre sueño y vigilia, en duermevela, la intuición se interna en sus visiones. Poema a poema, ir retirando capas de palabras muertas, aproximarnos al corazón de la manzana. Errática travesía en la que no cabe confiar en mapa alguno, atenerse a una hoja de ruta, pues bien puede la poesía aguardarnos en el rincón más insospechado. Aventurarse en la borrosa frontera entre realidad y ensoñación, imaginación y pensamiento: esa tierra de nadie, en duermevela.

Desde hace ya más de una década vengo denominando realismo visionario a mi personal inclinación frente al papel en blanco. A día de hoy sigo enfrentándome al mismo desafío: poner en escena mis visiones en plena ilusión de realidad. Es cierto que mis poemas se han ido internando cada vez más en aguas del ensueño. Pero siguen procurando dar a luz un simbólico revuelo enraizado en la vida de todos los días. En este nuevo libro vuelve a asaltarme la ensoñación en espacios comunes, reconocibles, cotidianos. Pero en esta ocasión he asistido al nacimiento de una clase de encuentros inédita hasta ahora en mi poesía: las ‘ausencias-presentes’, las apariciones. Comparecen en mis versos fugazmente aquellos que perdimos... o el ansiado cuerpo que ajeno duerme a cientos de kilómetros. Quizá me haya sentido más llamado que de costumbre a explorar los desolados territorios interiores, el hueco de la pérdida. Fantasea la memoria reencuentros imposibles, se funden los planos temporales, los muertos nos visitan...

Acabado el libro me sorprende contemplar cómo Eros y Thánatos han venido a apoderarse de mi espacio imaginal: entre vida y muerte, desaliento e impulso, en duermevela. No faltan pues los cantos al deseo, la celebración de la materia, el salvador fluir de las fuerzas de la vida. Un descubrimiento del cuerpo, ese animal cautivo de nuestro olvido cotidiano, al que a menudo he soñado liberar. Un reencuentro con las cosas, desnudas de intenciones. Una mística terrena, a flor de piel.  

Pero abundan también los poemas en los que se agitan al trasluz las negras alas del ángel de la muerte. El estéril desaliento cotidiano de un tiempo sin esperanza, la tentación de la renuncia a nuestros sueños, la pasividad que ahoga el pálpito interior, se abrieron cauce en mi voz. Hijos de su tiempo, muchos de estos poemas reflejan en claroscuro la zozobra de unos años en los que a todos nos pilló por sorpresa la voladura en mil pedazos del futuro. Un tiempo de perplejidad e incertidumbre que vino a inspirarme atmósferas de pesadilla: viajes al interior de los relojes, periódicos cuya lectura nos conduce al pie de un precipicio, ataúdes al hombro que acarreamos con ciudadana parsimonia, ese traje de muerto que se resiste a nuestra piel...

Sospecho que Duermevela pertenece por derecho propio al ciclo que se abriera en La vida nueva. En ambos se despliegan escenas simbólicas que dialogan con las de libros anteriores. Ahora, sin embargo, el discurso se ha ido fragmentando más y más. Ya en mi anterior poemario me propuse desplegar un libro coral, en donde diversos registros dieran cuenta de sucesivos estados de conciencia. Adiós al libro unitario: esa ficción consoladora de un yo sólido, estable, sin fisuras. Hoy como ayer siento la necesidad ineludible de conceder la palabra a nuestra fracturada identidad.

Sin embargo, en La vida nueva todavía intenté trazar las huellas de un viaje iniciático. Sección a sección iban sucediéndose los registros a fin de dar lugar a la crónica de una transformación. Ahora, por el contrario, el relato ha saltado en pedazos. Duermevela viene pues a dar otra vuelta de tuerca en tal proceso de fragmentación. Quedan sólo las piezas dispersas, poemas escritos desde diversos ángulos: un ir y venir, una deriva. Al fin y al cabo, así transcurre la vida, en sucesión, sin una sólida trama que justifique la totalidad de su transcurso. Más si cabe en tiempos de aguas agitadas, de cenagosos territorios sin señales, de sed sin esperanza, de inquietud.

Siempre he deseado experimentar nuevos caminos, probar mis fuerzas en diversas direcciones. Libro a libro he ido incorporando registros a mi escritura a medida que me he sentido capaz de abordarlos. Si en La vida nueva logré al fin incorporar a mi obra el vasto poema versicular, en esta ocasión, sin renunciar a ninguno de mis registros anteriores, me he sentido llamado a explorar la sobria belleza de la brevedad. Así pues, en la sección que da título al libro me propuse desnudar el poema hasta los huesos, depurándolo al máximo de retórica. Quise tallar apenas un puñado de versos necesarios, alcanzar el leve don de la sugerencia a través de la precisa pincelada. En manos de los lectores está ahora paladear el resultado.

Asisto con alegría al nacimiento de esta mi más reciente criatura. Ojalá dé cumplido testimonio de un agitado fragmento de mi vida. Mi vida, que es también un poco la vida de todos, un singular reflejo de un tiempo compartido. Ojalá puedan contemplarse al trasluz en estos versos las luces y las sombras de estos años difíciles, el combate entre Eros y Thánatos, las fuerzas del deseo y el sordo roer de la desolación. Una deriva por la tierra de nadie entre vida y muerte, vigilia y sueño: en duermevela.

 

Eduardo García

Córdoba, Mayo de 2014

 

 

 

 

Mayo de 2014

poética

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