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REFUTACIÓN DE LA ELEGÍA
Disculpen la imprudencia, voy de paso, me caí en esta página, no supe medir mis fuerzas, apurar la brisa, resistir su imperiosa invitación, la página pedía un desaliento a la altura del llanto y los zapatos, pero no estaba yo para difuntos, me brotó una sonora carcajada, una encina colgada de un trapecio, un tigre amamantando a una gacela, un ciempiés saludando innumerable, nada hay seguro aquí, ya me hago cargo, a lo peor la página está inquieta, reclama ya su hastío inmemorial, y yo en las musarañas, tan contento, acorazado, en fin, feliz, ya ven, poco propenso a la melancolía, convocando el deseo en la figura de una mujer al término del goce, sin tristeza post-coitum, no se apuren, espléndido animal, fruta sin dueño, deslumbrante en la página, sensual, una refutación de la elegía, una celebración de la alegría, cuerpo fugaz, materia derramada, se ríe de la página, transpira, les dejo con su gozo, no sin antes invitarles a arder por las raíces, a vivir por la piel a contramano, no me hago responsable si la página persiste por inercia en su congoja, si le gusta sufrir es su problema, nosotros a lo nuestro, hacia alta mar.
CECI N‘EST PAS UNE PIPE
La palabra agua no moja: puedo escribirla siete veces siete, en paredes, en labios, en estatuas, una por cada nube que se aleja, una por cada gota que no llueve.
La palabra fuego no quema: ni calienta mi mano si la escribo ni es capaz de alumbrar la oscuridad. Allí donde se posa permanece aguardando unos ojos que la inflamen.
Pero si irrumpen alas y de pronto me decido a emprender una esperanza y empuño dos palabras y las hago chocar como dos piedras en el aire saltan chispas en un hogar remoto, prende en el agua un fuego que acaricia.
La palabra fuego no quema pero aviva rescoldos en la sangre. La palabra agua no moja pero riega la entraña de quizá.
DESPERTAR
Ese hombre que camina con las manos sujetas a la espalda, nos saluda al pasar, comprueba su reloj, acude a su quehacer sin preguntarse si va en su dirección y en su sentido.
No sabe que a su espalda se libra una batalla, que su mano derecha aferra sin piedad a la otra mano, la retiene a su antojo por la fuerza, prisionera, infeliz, sin voluntad.
Si un buen día la mano sometida se niega a cooperar y en un descuido reduce a su adversaria, se hace fuerte, toma la iniciativa, arrebatando el rumbo de los pasos, ya se atreve a estrenar una vida renovada…
¿qué será de ese hombre inofensivo cuando empiece a arrojarse a la aventura, a derrochar las suelas y el impulso, abandonándose al azar del encuentro feliz, recolectando a su paso semillas y canciones?
OTRO LUGAR
Desconfía del vino que sabe a cauce seco, del agua que se estanca sin transcurso. Desconfía del aire de los espacios huecos, del ojo que ha olvidado ya el impulso.
Y entrégate al torrente que empieza a abrirse paso, amanece a un más hondo palpitar. Desconfía de todo cuanto yace encerrado, pues el tiempo ya fluye a otro lugar.
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Refutación de la elegía |
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Generación del 27, Málaga, 2006 |
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