Cuadro de texto: críticas: 
Horizonte o frontera

Más allá del simulacro

 

Miguel García-Posada

 

 

Para Eduardo García (São Paulo, 1965), la poesía es una forma del conocimiento. Pero de un conocimiento ad intra muros, distante, por tanto, de cualquier especulación de otro signo. El poema es, según este criterio, un vehículo privilegiado para conocer las dimensiones y límites de nuestra condición, aludidas ya en el título general de este libro, el tercero de los suyos (antes publicó Las cartas marcadas y No se trata de un juego): Horizonte o frontera, que vale tanto como preguntarse si tenemos futuro existencial o, por el contrario, estamos fatalmente limitados y condenados a un vivir en la precariedad.

Entre los varios lemas que encabezan las diferentes secciones de este libro, seis, con un total de 45 poemas, merecen destacarse por su alcance la de Bécquer (“Necesario es abrir paso a las aguas profundas”), la de Juan Ramón Jiménez (“Yo no soy yo. Soy este/ que va a mi lado sin yo verlo”) y la de Roberto Juarroz, aun cuando no es la única cita del autor argentino (“El poeta es un cultivador de grietas: fracturar la realidad aparente para captar lo que está más allá del simulacro”).

Acredita, pues, Eduardo García manifiesto conocimiento de las más avanzadas concepciones existentes hoy en torno a lo real, y lo decimos en su honor –el discurso poético no puede nutrirse de percepciones arqueológicas-; y procede en consecuencia. Un dato es esencial: el hombre está escindido, separado de lo real; ésta fue una de las grandes intuiciones de la poesía rilkeana, que ha sido glosada a fondo por Heidegger; pero García no extrae consecuencias panteístas ni de orden metafísico.

 

Saber antropológico

 

El suyo es un saber (o una voluntad de saber) antropológico. Hemos perdido, nos dice, las llaves del cuarto de la imaginación, la niñez y el amor: “Se perdieron las llaves del cuarto en donde sé/ me aguardan las sirenas y los equilibristas”, reza “Tras la puerta”, símbolo este por cierto reiterado en el poemario. Un “ladrón” roba nuestros sueños; vivimos “a la sombra de la sombra de un sentido”; el sujeto poético sueña “con cuchillos”; la “ansiedad” lo devora; “Todas las noches son la misma noche” (eco del juanramoniano “Todas las rosas son la misma rosa”); su corazón le parece, dice bellamente, “el palco de un teatro/ donde se agitan sombras”, y “es ciego y se columpia”.

Pero hay que pasar, quiere hacerlo el sujeto poético, “al otro lado” de lo real o, dicho con más exactitud, hay que abordar sus pliegues profundos para terminar con este estado de desarraigo, que sólo alguna vez se neutraliza, como ocurre con el horaciano “La lluvia”: “Feliz el que regresa a su casa despacio,/ distraído, a lo suyo, ni triste ni contento”. De hecho, comparece aquí incluso un “Spleen”, de angustia baudeleriana (“prisionero de mí, ya sin ficciones”). Hay que traspasar las “puertas” y vencer el “muro”. Tres puertas describe García con precisión: “la puerta del jardín de los deseos,/ la puerta del instante prodigioso,/ la puerta de la infancia recobrada”, según señala en el poema así titulado, “Las puertas”. Hay una cuarta puerta, hecha de “nada imponderable”, la muerte, y que es soslayada por el fervor vital. El escritor se mueve siempre, ya lo hemos dicho, ad intra muros.

 

Brillantez de dicción

 

En nuestra descripción del poemario hemos utilizado a menudo las mismas imágenes del autor; de ahí los entrecomillados. Resultaba obligado hacerlo así; Eduardo García no poetiza en abstracto, sino que se vale preferentemente de urdimbres metafóricas, que son el correlato imaginativo de más hondas realidades. Ésta es una característica central, que debe ser destacada, como debe serlo también la poderosa orquestación de algunos poemas y, en todo caso, la brillantez de dicción del entero discurso (servida además por el sabio uso del verso blanco o del versículo).

Brillante, muy brillante este discurso. Poesía del yo, pero no narcisista ni excluyente; lo otro, los otros existen y palpitan, lejos García de la tentación simbolista del ensimismamiento. Sin suscribir los postulados de la poesía de la cotidianidad, no puede decirse que vaya en contra de ella. La alternativa a lo cotidiano no es, necesariamente, lo metafísico, sino lo antropológico.

Horizonte o frontera es un buen libro de poesía, uno de los mejores de la temporada, pues está concebido y escrito con un rigor de perspectivas y de elocución, que es de agradecer en tiempos de lenguajes tan uniformes como éstos.

 

ABC Cultural, 6 de marzo de 2004

(recogido en La estafeta del viento,

 nº 5, Primavera-Verano 2004)

Horizonte o frontera

José Luis García Martín

 

Los poemas de Horizonte o frontera se mueven en esos “misteriosos espacios que separan/ la vigilia del sueño”, para decirlo con otra cita becqueriana. Son poemas oníricos o alucinados escritos con una minuciosa precisión realista, y en ello radica buena parte de su eficacia. […] Con claridad y eficacia nos hablan del misterio, de los enigmas de la condición humana, del trasmundo que encubre la cotidianidad.

 

 El Cultural, 19 de febrero de 2004

 

Las dos realidades

Manuel Rico

 

Eduardo García muestra un sutil innovación en su tercer libro de poemas al indagar en las zonas no visibles de la conciencia.

 

¿Es posible conjugar, en un mismo libro, una poesía transparente, directa, con elementos de irracionalidad? ¿Y en un mismo poema? A esas dos preguntas responde afirmativamente el último libro de Eduardo García. […] Horizonte o frontera se nos muestra como un libro homogéneo y estructurado, como algo más que una simple agregación de poemas. Sus cinco apartados pueden ser asumidos como estaciones de un itinerario que va de lo capilar y visible a lo profundo y misterioso. […] En el fondo, Eduardo García hace de Horizonte o frontera un homenaje a las capacidades del lenguaje poético para situar al propio poeta frente a una existencia  precaria. En muchos casos, el poema parte de una experiencia constatable, de un espacio real: una habitación, una estación de tren, un camino. Después, evoluciona hacia la indagación en lo no visible. Como si lo tangible fuera el núcleo de la existencia y, a la vez, una realidad incompleta. Un libro medido en el que innovación no es sinónimo de espontaneidad o descuido. Más bien todo lo contrario.

 

Babelia, 1 de mayo de 2004

 

 

Metáforas del símbolo

Ángel Zapata

 

[…] Es preciso reconocer en Eduardo García a uno de los artífices no sólo más destacados, sino abiertamente pioneros, del maridaje entre esas dos corrientes que Luis Antonio de Villena ha bautizado, con pleno acierto, como “voz lógica” y “voz órfica”.

En la vanguardia de esta integración, Horizonte o frontera es un libro brillante, imprescindible, solidísimo y exploratorio a un tiempo. Es, diríamos, el hito de esa “primera madurez” en la trayectoria de un poeta todavía joven: un texto, sí, donde es verdad, por una parte, que el suelo de la poesía realista resulta abiertamente superado; pero en el que no deja de ser claro, a la vez, que se trata de una superación por ahondamiento; y no, desde luego, por el goce pueril de la ruptura.

No se trata tanto, pues, de que el poeta rompa o no con una poesía que aspira a representar la experiencia. Como de la difícil percatación, en el corazón mismo del acto poético, de que la experiencia ya está, de antemano, rota; y de que es este mismo centro en falta, esta ruptura/rajadura que es el sujeto, lo que reclama –precisamente- el trabajo de una palabra poética (conformadora, creadora, metafórica, activa) capaz de articularlo como experiencia. De manera que allí donde la poesía clásica nos confronta a un sujeto “dueño” de su conciencia y su palabra, la poesía post-clásica de Eduardo García nos aboca al deseo incesante de un sujeto sólo dado como búsqueda; al enigma de una identidad sólo accesible en sus ensoñaciones, sus interrogaciones: en el fulgor que alumbra y desordena la sucesión de sus semblantes y sus símbolos. Éstos son la propuesta y el logro que vibran en las páginas de Horizonte o frontera. Un libro, en suma, que tiene ya valor de referencia, dentro del nuevo rumbo de la poesía española.

Muface, nº 193, Invierno de 2003

 

 

Horizonte o frontera

Emilia Lanzas

 

[…] Si la poesía es milagro –o, como dice el propio autor, su vocación es la de reencantar el mundo- la de Horizonte o frontera es un acto necesario, que muestra esa otra mirada sublime, esa otra forma lírica de percibir, ese sentir y esclarecer que sólo el gran poeta proporciona.

Eduardo García, integrante de una generación que Villena instala entre lo lógico y lo órfico, configura una épica de la experiencia, plena de simbolismos e imágenes, apelando a ausencias y misterios, a indecisiones y miedos, a ímpetus (esa exaltación de vida) con el ritmo preciso, con las palabras claras; utilizando las figuras necesarias, sin alardes; a medio camino, o con la doble lucidez, de lo real y lo irracional; de lo narrativo y lo reflexivo. Con la consistencia de la intuición; rompiendo lo visible hasta convertirlo en arte y, por ello, en conocimiento.

Generación XXI, nº 74, Febrero 2004

 

Punto de referencia

Elena Medel

 

García ha sabido evolucionar en su propia poética desarrollando el componente surreal de sus imágenes, multiplicando el misterio que de por sí residía en sus poemas. El resultado es un libro denso y revelador, con momentos de enorme intensidad como ese antológico “Sueño con cuchillos”. Con Horizonte o frontera, la voz de Eduardo García sube enteros hasta situarse como punto de referencia; un libro, en resumen, imprescindible.

 

Andalucía joven, nº 5

 

Poética del límite

Antonio Jiménez Millán

 

En el viaje hacia el interior, en el desdoblamiento de la subjetividad que origina la diversificación de las voces poéticas, Horizonte o frontera actualiza las propuestas románticas centradas en la revitalización del mito y la crítica, más reciente, a la razón instrumental. […] Tanto el lenguaje como las situaciones planteadas en Horizonte o frontera se fundan en una aparente naturalidad, una sencillez difícil a través de la que el lector se instala en lo cotidiano para captar, inmediatamente después, su posible reverso y su lado inquietante. La presencia de lo siniestro, casi en sentido freudiano, marca el poema “En la estación”.

Los juegos en torno al yo aparecen en los dos últimos apartados de Horizonte o frontera. La ciudad paralela es la imagen especular de otro mundo, un reflejo equivalente al otro yo. Este tipo de imágenes, frecuentes en el libro, producen distintos modos de desdoblamiento, desde el viaje a la infancia (“Niño abrazado a un árbol”) a la figura misma del doble, construida sobre el motivo romántico del hombre disociado de su sombra (“Desencuentro”). Y en esta indagación acerca de la subjetividad, las metáforas y símbolos espaciales cumplen su papel, igual que las habitaciones en el primer apartado: “El muro”, “El umbral”, o “La puerta” son títulos de poemas en los que se entrecruzan los conceptos de interior y exterior, obstáculo y límite, profundidad y superficie. Frente a la nada, surge al final del libro el canto a la plenitud vital en los poemas amorosos. Estos poemas no dejan nada al azar: cada palabra tiene, en Horizonte o frontera, su función exacta, “su empleo minuciosamente atribuido”.

 

El maquinista de la generación nº8, 2ª época, octubre de 2004

 

 

De puertas adentro

Lorenzo Oliván

 

Horizonte o frontera es uno de esos libros que uno siente como fruto de la necesidad, el resultado de un conjunto de obsesiones, de una forma de entender el mundo, patente en cada poema. Ese título ya nos habla de distancias y de límites, y realmente como una exploración de los límites puede verse el conjunto. […] La realidad que nos espera en estas páginas es una realidad que suele abrirse a un plano más oculto. Por eso abundan los pasajes que rebasan el quicio de lo puramente lógico, y aquellos en donde lo onírico se ofrece como una llave mágica. Es como si avanzásemos entre estratos paralelos, para los que, como nos avisa en un momento dado W. Szymborska, “rigen otras leyes”. Así que no faltan insistentes recurrencias léxicas que difuminan las diferencias entre lo real y lo irreal, y nos entregan personajes situados a menudo en una suerte de “tierra de nadie”. […] Vetean el recorrido imágenes en verdad desasosegantes, como ese “baúl de niebla sin latido”, o “ese bosque de cuchillos” o esas “esquinas que al doblarse amanecen de pronto”, por poner tan sólo tres ejemplos. Pero además, demuestra Eduardo García dominar el difícil arte del poema-río, impulsado, como él define mejor que nadie, por “este eje sin rueda de mi voz”.

Estamos, en definitiva, ante el libro mayor de una figura ya indispensable en todo recuento de la poesía española de los últimos años. Un libro que se ha marcado como meta un horizonte de hondura. Un libro instalado en un meritorio equilibrio nada forzado, en el que el poeta, en sus viajes por los límites de lo inexplicable, busca la luz entre las sombras. Un libro de puertas adentro, que invita a perderse en sus vivas lejanías.

 

Clarín nº 51, Mayo-Junio 2004

 

Los límites del yo

Vicente Luis Mora

 

La aventura estética de Eduardo García es, a mi parecer, una de las más complejas e interesantes del normalizado panorama poético nacional; una obra que entronca con la mejor literatura hispanoamericana y que, por este motivo, se nos presenta rica y varia, abierta a la literatura fantástica de Cortázar y a la palabra de Vallejo; a la sedimentación metafísica de Juarroz y a la espesura técnica de Borges. Y es también, y por fortuna, la exploración continua de una tierra media –por utilizar una expresión de Tolkien que no le disgustaría- entre el realismo y la irracionalidad. […]

La escritura de García se plantea operar pisando esa línea, mirando a la vez a la realidad que se deja atrás y a la región de sombras, el inconsciente, a la que se quiere acceder, sin perder del todo pie. Y esta distribución horizontal del cosmos poético se cierra con otra vertical: la búsqueda, la recuperación, del alma del ser. […]

Las claves temáticas de este universo poético están reunidas en torno a las ideas de centro, fractura y rasgadura, habituales en la mejor literatura de la Modernidad. La tensión entre las dos partes de la realidad y las dos partes del individuo (otra de las preocupaciones de siempre en la poesía de este autor), está presente ya en la propia dicotomía del título del poemario, y puede relacionarse con el cielorraso inmanente de su ontología: una concepción no dualista del alma; laica, pero donde el ánima queda bien delimitada. La palabra poética es una fulguración en pos del sentido del sujeto. […]

En Las palabras de la tribu, refiriéndose a ciertos creadores como Kafka o Musil, José Ángel Valente hacía hincapié en el modo en que éstos y otros autores habían conseguido ser la plataforma de la mitificación de la experiencia colectiva; en otras palabras, habían creado textos en los cuales todos podíamos reconocernos en cuanto globalidad, en cuanto pueblos corrompidos, en cuanto masa. Eduardo García se propone, con igual enjundia y profundidad, llevar a cabo el mismo proceso desde la individualidad, creando poemas que sirvan de plataforma de mitificación de la experiencia individual, de modo que podamos ver reflejado en sus aguas, allí, al fondo del poema, nuestro propio rostro.

Turia, 71-72, 2004-2005

 

 

Horizonte o frontera

Antonio Luis Ginés

 

De todos los trabajos poéticos de Eduardo García quizás este sea el más ambicioso, el que menos sujeto se halla a las leyes de la física. […] García parte de la realidad, pero no se queda ahí estancado. La trasciende hacia esos dominios interiores donde el inconsciente está esperando una visita, la llegada de alguien que traiga la palabra, el símbolo preciso para dar un toque de luz. El diálogo que potencian los títulos de cada sección y los títulos de los poemas (Tierra de nadie, Tras la puerta, Donde rompen las horas…) ya señalan directamente esos espacios cargados de misterio, hacia zonas cuyo límite espera la posibilidad de descifrar lo imposible. […] El poeta da otro giro en su apuesta al tratar profundas inquietudes humanas que asolan al hombre de este siglo.

Diario Córdoba, 22 de abril de 20034

 

Las aristas del yo

Juan Manuel Romero

 

Este poeta afincado en Córdoba, uno de los más interesantes antologados por Villena en La lógica de Orfeo, le ha regalado al arriba firmante uno de los momentos de lectura más emocionantes e intensos de las últimas fechas.

 Mercurio, Febrero 2004

 

Notas de lectura

Jorge de Arco

 

Con Horizonte o frontera Eduardo García –afincado en Córdoba desde hace años- está consolidándose como uno de los máximos exponentes de la emergente lírica que viene creciendo imparable en la citada ciudad andaluza.

 

Cádiz Información/Jerez Información/Arcos, 4 de marzo de 2004

 

Poesía

Medardo Fraile

 

Eduardo García es ahora uno de mis poetas preferidos.

 

Cuadernos del Sur, 3 de febrero de 2005

 

 

EL CULTURAL

LO MEJOR DEL AÑO: VOTACIONES

 

José Luis García Martín:

 

La intimidad de la serpiente, Luis García Montero (Tusquets); El amor de La Habana, Marín Estrada (Debate); La miel salvaje, M. Á. Velasco (Visor); París no se acaba nunca, Vila-Matas (Anagrama); Horizonte o frontera, Eduardo García (Hiperión).

El Cultural, 27-12-2003

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