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Practico una poética del límite. Mi poesía se orienta a la exploración de las zonas de paso que median entre espacios que suelen considerarse antagónicos; espacios, sin embargo, entre los que se extienden profundos pasadizos. De esa tierra de nadie entre realidad y ensoñación, delirio y arte, suelen brotar mis poemas. Experimento la escritura como un despliegue de la imaginación simbólica: rompeolas entre consciente e inconsciente. Ni el realismo plano y su ceguera hacia las hondas sugerencias de la interioridad, ni el libre vuelo de la imagen vanguardista: la fusión, al fin, de ambas tradiciones. En la escena simbólica se revelan a un tiempo las dos caras de la identidad. Se abre así camino la introspección, en la que confluye el control técnico, la conciencia de la representación, con la búsqueda en las aguas del ensueño. […]
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Hasta aquí la voz reflejada en el espejo del pensamiento, el poeta desdoblado en teórico de sus versos, observador de su obra en marcha. Sin embargo, en los últimos años he descubierto que esta inclinación mía hacia los espacios fronterizos no responde tan sólo a mi experiencia de escritura y la reflexión estética en que ésta desemboca. También brota de mi propia singladura vital, mi propio desarraigo. Ahora sé que no es ajena a mi modo de experimentar la creación poética mi condición de hombre siempre entre dos aguas, entre dos patrias, en la frontera. Brasileño de nacimiento, mi primera lengua fue el portugués, de manera que apenas empecé a hablar el español con fluidez a los siete años, cuando mi familia regresó a Madrid. Es cierto que un año más tarde devoraba novelas y poesía en castellano, como lo es que no he escrito jamás en otra lengua. Pero intuyo también que desde entonces mi identidad quedó para siempre escindida entre una primera infancia latinoamericana y una adolescencia y juventud españolas. De niño soñaba con un país desconocido, lejana patria de mis padres, al otro lado del mar: un mítico país llamado España. Una travesía trasatlántica rasgó mi vida en dos. Desde entonces añoro un Brasil que sólo existe ya en mis sueños. Sospecho que esa fractura vital, ese desgajamiento del corazón experimentado en un momento crucial de la vida, ha sido el origen de todas mis fronteras. De hecho, he vivido entregado a dos pasiones. Poeta y profesor de filosofía, he recorrido los senderos de la palabra con la misma fascinación con la que he intentado vislumbrar los del pensamiento. Durante años ambas vertientes combatieron dentro de mí, crecieron de espaldas, se enfrentaron. En los últimos tiempos he empezado a cruzar esa frontera, anudar mis raíces: madurar en ambos frentes, al fin enlazados. De idéntica fractura interior brotan mis obsesiones en torno a la búsqueda de la identidad, así como la fusión de poesía y género neofantástico que a menudo toma la palabra en mis poemas. Como tantos otros escritores trasterrados he buscado sin cesar un rostro en el que reconocerme. Mi sujeto poético se reconstruye una y otra vez, siempre en proyecto, desdoblándose en el otro o soñándose a sí mismo desde diversas perspectivas. Un sujeto dinámico, en fuga, siempre dispuesto a cruzar el límite al otro lado. Dos descubrimientos han sido vitales para mí, en lo personal como en lo creativo. El psicoanálisis me reveló el espacio interior donde confluyen poesía y pensamiento. Los símbolos me ofrecieron el puente entre realidad e imaginación, consciente e inconsciente. Gracias a sus hondas sugerencias en mis últimos libros he empezado a salvar las fronteras que me habitan. Del futuro nada sé, salvo que se extiende más allá del horizonte: océano desconocido a explorar.
en Córdoba, a 15 de marzo de 2004 |
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Inédito, 2004
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poética |
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La escritura trabaja en las fronteras y en su deslizamiento, en el momento en que se desdibujan y atraviesan. Claudio Magris |
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Frontera e Identidad |
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