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CESE DE HOSTILIDADES
¿Cómo reconciliarse con el mundo si es tan necio, veleta, tarambana, que es capaz de albergar al mismo tiempo el Taj Mahal, los campos de exterminio, la mezquindad, tu risa, la traición, los libros, la ignorancia, un cuerpo que fascina, el carbón y la sal, los muros y el espacio, el cáncer y las playas tropicales?
Y sin embargo, y no obstante, y pese a todo, acudimos al día como quien va a una cita con una vieja amante casquivana, la sonrisa planchada y el pañuelo en el bolsillo izquierdo, fiel, solícito, y hacemos el amor sin credenciales, o escribimos poemas que interpretan la vida a su manera, como si ésta hubiera de aguardarnos a la vuelta de la esquina, con su traje de novia y su ramo de flores funerarias.
OCURRE QUE ESTOY TRISTE Y NO SÉ CÓMO
Ocurre que estoy triste y no sé cómo. Ocurre lo de siempre de otra forma, que el paso ya no encuentra su pareja, ni el labio encuentra a tiempo el otro labio. Por más que me pregunto por mí mismo mi voz no firma el aire con su aliento, la piedra ya no es piedra ni es un pájaro, el tráfico me coge por sorpresa. Escucho las noticias. La ensalada me sabe a pan, el pan a chamusquina. La sangre me estropea la función.
LA ISLA
Tus caricias. El mar. Los cocoteros. La sábana enredada entre tus piernas. El maitre del hotel, su voz de frío: «Veinticuatro horas, ¡ya sabe!». Supe que un día era un plazo inconcebible, que tan sólo unas horas bastarían. Conocí el huracán, la madreselva. Conocí el ancho cielo interminable. Conocí las espadas y el enigma, la boca del dolor, la del deseo, la súplica que anuncian los labios no besados, qué tibio el corazón cuando se precipita. Cuantas mujeres hay en este mundo las conocí por ti. En ti dormían.
PARADOJA DEL TAHÚR
Yo deseaba ser aquel que soy. Ahora quisiera ser quien me soñaba. Daría estos renglones sin dudarlo por recobrar las vidas que perdí.
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Las cartas marcadas |
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Libertarias, Madrid, 1995 |
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