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LAS PASARELAS DEL DESEO
Llamamos vida a un desfile de dígitos cansados zumban coléricas las moscas atrapadas en cárcel de cristal el viento de la sangre remueve las cortinas la luz por un instante parece herir la tapia filtrarse en el cemento la oquedad se adivina y más allá palpitan en la noche los astros encendidos combaten los caballos por la flor las aguas por la piedra la orquídea cobra vida en el torrente a la luz de la Luna el musgo brilla con fulgor de diamantes en la hierba no hay rutas convenidas ni semáforos ni siniestros carteles de prohibido pasar pero abundan los cruces de caminos cuando menos lo esperas amanece los hombres vagan a su antojo las sendas se disuelven a su paso quiero decir que a la sombra de los robles te esperan los amigos que perdiste y hay sábanas tendidas que guardan el olor de encuentros que no fueron mujeres que solitario amaste a la distancia pero aquí el eco salva todos los precipicios irrumpen de la nada las pasarelas del deseo trenzan sus trayectorias en todas direcciones el viajero termina por arrojar al fuego la brújula y los mapas confiando sus pasos al instinto se interna en la espesura aunque un día de pronto se detenga a contemplar las huellas de su viaje despierte abra los ojos comience a comprender nada importa cuán vasta la travesía se despliegue la apariencia radiante de confines la ilusión derrochada en la aventura todas las pasarelas conducen a la tapia si se es fiel a un deseo si se sigue su rastro hasta el final nos aguarda el ladrillo hincado en tierra la mansedumbre hostil de la costumbre un olor a madera que envejece un desfile de escenas repetidas la cárcel de cristal sin cerradura
CASA EN EL ÁRBOL
En la copa de un árbol construiré nuestra casa, con tablones y clavos e ilusión y un martillo alzaré entre las ramas suelos, techos, paredes, cuartos en espiral, secretos pasadizos donde obra el azar el don de los encuentros y de pronto amanece si me miras al fondo por donde el viento corre a refugiarse, madera en la madera, crujen las estaciones, pasan a visitarnos los amigos, huele a café, huele al árbol en que nos acogemos, al rumor de las hojas, a la tierra donde brota su impulso, su sed de los espacios, se siente allí el verdor de las promesas, casa y árbol fundidos, una sola criatura, se es feliz de algún modo impreciso y vital, con los años al árbol le van creciendo ramas, gana cuerpo, se inclina hacia las nubes y de pronto la casa ha ascendido unos metros y hasta el aire es más puro, más ancho el horizonte, las estrellas fugaces proliferan, ahora vigila la espesura, hay luz en la ventana, a cubierto de todo, suspendida, luz de hogar en la noche, resplandor, y una escala de cuerda entre las ramas, si subes por la escala no hay retorno, en la cima del viento hallarás nuestra casa.
PARA NO RENUNCIAR AL ENTUSIASMO
Soñar despiertos siempre para que los insectos de la herrumbre nos permitan tejer sin telarañas para ser el hervor la levadura y no el cemento gris que repta por los muros pan crujiente en el horno del sol del mediodía fruta madura vértigo y nunca más sedientos de imposible reconocernos en el barro de un parabrisas sucio soñar despiertos siempre olvidar el autobús cautivo de su ruta el maquinal semáforo los maniquíes ciegos abandonar el dique seco de los formularios la astucia del burócrata destilando en la tinta su cianuro dar la espalda sin miedo a cuanto esperan de nosotros aquellos que veneran dos tristes palmos de suelo bajo sus pies porque es vasta la tierra y a nadie pertenece su clamor como nadie puede calcular la trayectoria de una grieta en un témpano de hielo pero ahí está desafiando la maquinaria de los astros fiel a su andadura irregular a la belleza de lo que niega toda simetría soñar como rasga el torrente la maleza felino por instinto despreciando la fría servidumbre de los surtidores el agua encadenada a geometría soñar despiertos siempre para no obedecer la ley del amo las consignas de los ventrílocuos feroces acudir al futuro que llama a nuestra puerta pidiendo realidad porque podemos esculpir la vida verdadera escuchar la llamada de los sueños para rendir la piedra a nuestro afán abrir surco en las calles sembrándolas de estrellas y de pájaros de alamedas de cisnes regueros de palomas corrientes submarinas una extensión de labios que sonríen de juncos que se mecen de amazonas soñar despiertos siempre para no renunciar al entusiasmo y que el hombre no olvide su vocación de nube el súbito resplandor incendiando su mirada alfarero del mundo comadrona que asiste al parto de sus propios sueños
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La vida nueva |
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Visor, Madrid, 2008 |
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